Postpolio

Publicada el 28 noviembre, 2011

Nunca pensé discernir sobre este mal que me afecta, lo hago con el afán de informar a algunos ecuatorianos de los que fueron afectados por el virus de la polio y no conocen de sus ulteriores consecuencias. Hace pocos días conversé con una mujer de 50 años de edad, fue infectada de poliomielitis al año de nacida, operada de las atrofias causadas en ambas piernas en la adolescencia, que trabaja intensamente para educar a su hijo aunque camina con marcada dificultad. Me contaba las molestias que viene sintiendo, sin saber por qué. No conozco el número de ecuatorianos que fuimos atacados por la polio, desde las primeras epidemias a comienzos de los 40 hasta que fuera erradicada de nuestro país en la década de los 80, pero hubo miles de víctimas.

La enfermedad ataca al sistema neuromuscular, y dependiendo de la virulencia del mal y la reacción de los anticuerpos de cada individuo, causa mayor o menor destrucción en él. En muchos casos el mal producía atrofia muscular, según la gravedad del estrago, unos afectados quedaron con dificultad para caminar, otros paralizados y a un porcentaje menor les causó la muerte por problemas respiratorios.

Masivas campañas de vacunación, impulsadas por los rotarios, fueron acabando las temidas epidemias en el mundo. Ahora hay solo brotes esporádicos en sitios donde no ha llegado la vacunación. Desde hace 30 años, neurólogos han constatado que los afectados por el virus, muchos de los cuales fuimos beneficiados con cirugías ortopédicas para restablecer movilidad en extremidades atrofiadas, sufrimos renovadas dolencias, dificultades para caminar, excesiva fatiga e incluso enervación del sistema sobreviviente del ataque poliomielítico.

Hemos desgastado nervios que no fueron destruidos en el embate inicial. Yo tuve la suerte, o la desgracia, de conocer 25 años atrás sobre el síndrome de postpolio. Con esfuerzo había llegado a trotar varios kilómetros a la semana, y a los 30 años, tomé clases para jugar tenis. Pero fue demasiado, comencé a caer y tener molestias. Desde entonces utilizo un aparato en mi pierna derecha que me ayuda a seguir andando. Hay que mantener el peso bajo, hacer ejercicios para evitar atrofias, pero sin excesos o fatigas.

El deterioro no es evitable, debemos ir adaptándonos y preparándonos para afrontar un futuro con mayores problemas de movilidad. Es importante que médicos, afectados por la polio y sus familiares, conozcan del síndrome. Existe información actualizada en Internet.

Nuestros amigos y conocidos deben comprender que si no siempre nos levantamos para saludar, no es por descortesía o mala educación, sino para evitar fatigas.

Dr. Benjamín Rosales Valenzuela

Publicado en: Diario EL COMERCIO